jueves, 27 de octubre de 2011

El concepto de enajenación en Marx y su aplicabilidad en la sociedad globalizada.


Chaplin, en Tiempos Modernos 
Filosofía
El concepto de enajenación en Marx y su aplicabilidad en la sociedad globalizada.
Manuel Viloria.


Se enajena al ser humano, no ya simplemente contraponiéndole como objetos con voluntad propia a los productos de su trabajo (la mercancía) sino también, substrayéndolo de las actividades que le permiten el desarrollo espiritual y material.

Uno de los temas fundamentales de la filosofía actual, es el de los impactos de la llamada Globalización en todas las esferas de la sociedad actual, así como el de QUÉ ES, en sí misma, esta Globalización. Con respecto a lo primero, hay consenso en el sentido de que efectivamente,  este proceso ha traído consigo profundos cambios en todas las esferas de la sociedad; frente a lo segundo, varios han sido los conceptos que se han elaborado para tratar de explicar este complejo proceso. 

Aquí manejaré la posición que entiende la Globalización como un proceso eminentemente económico, en el que la posesión de los medios de producción a escala mundial, se concentra de manera inimaginable,  y en el que el dominio del capital financiero se hace casi total, lo cual se refleja en trastornos profundos en las esferas, ideológicos, políticos, culturales y científicos.

Llamar la atención sobre cada uno de los efectos de la Globalización, sería tema de muchos libros y abarcaría reflexiones de casi todas las ciencias que hoy trabajamos (inclusive la astrofísica), y ese tipo de especializaciones de las ciencias “tradicionales” se han visto afectadas por la Globalización la cual ha acelerado las innovaciones tecnológicas necesarias para su existencia. Lo que aquí nos preocupa es esbozar grosso modo, los impactos ontológicos de la Globalización.

Una enorme contradicción, se halla al fondo de este proceso: por un lado, nunca antes, la ciencia había avanzado tanto, ni las fuerzas productivas de la humanidad se habían multiplicado de tal forma (ayudadas por los avances científicos) como en los últimos cincuenta años; por el otro, nunca antes se había hallado tan concentrada la posesión de los medios de producción, y nunca antes se había excluido a tantas personas de la producción concreta de los medios de vida. De aquí brota a borbotones una “realidad” cuyas manifestaciones se hacen mucho más palpables, en las sociedades llamadas tercermundistas: millones y millones de nuestros congéneres, alejados como están de la producción de Sus Medios de Vida, se hallan también alejados de la producción y el acceso a la educación, la ciencia, la técnica y la cultura.

“Podemos distinguir los hombres de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero los hombres mismos comienzan a ver la diferencia entre ellos y los animales tan pronto comienzan a producir sus medios de vida, (…) Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material” (MARX, C. ENGELS, F. 1999). La forma en la que cada individuo, participa en el proceso de producción, está condicionada por muchos factores de tipo económico, político y social, pero sin lugar a dudas, en algún lugar del proceso, que se complejiza en proporción al aumento de la población, de las “necesidades humanas” y de la división social del trabajo, podríamos, con estudio minucioso del proceso de producción, ubicar a  un individuo. Esto si entendemos por producción de los medios de vida la producción de TODO aquello cuanto necesitamos HOY para vivir (material e inmaterial).

Teniendo en cuenta lo anterior y si echamos un vistazo a nuestro alrededor (me refiero simplemente a Montería, para empezar) no será difícil preguntarnos: ¿Cómo halla hoy un individuo sin ninguna relación con la producción de SU vida, la diferencia entre él y cualquier otro producto de la naturaleza? ¿Cómo la hallaría aquel monteriano, cuya vida gira en torno al problema “silvestre” de la consecución de la alimentación? ¿En qué se diferencia el individuo, que al despuntar el sol sale de su casa a buscar la forma de comer, vestirse, en fin, de vivir, él y su familia, y al llegar la noche duerme con la misma preocupación en la cabeza, del León que en las estepas africanas realiza todos los días el mismo ejercicio?

No puede decirse aquí que la deferencia se haya en la planificación de la actividad que permite la consecución de los medios de vida, o en el hecho de que haya una preocupación en la cabeza (una idea) pues “Los hombres son los productores de sus representaciones, de sus ideas, etc., pero se trata de hombres reales y activos tal y como se hallan condicionados por un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el trato que a él corresponde, hasta llegar a sus formas más lejanas. La conciencia  jamás puede ser otra cosa que el ser consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real.”(Ibíd.)  Es en este sentido, en el que afirmamos que la Globalización trae consigo una profunda enajenación Ontológica, en el sentido de que torna difusa e inclusive borra, la franja que, desde mi posición, diferencia al ser humano de los demás productos de la naturaleza.


Se enajena al ser humano, no ya simplemente contraponiéndole como objetos con voluntad propia a los productos de su trabajo (la mercancía) sino también, substrayéndolo de las actividades que le permiten el desarrollo espiritual y material. En este sentido, la enajenación de la que hablo es de tipo ontológico, pues toca fibras profundas del Ser Humano, del Ser Social y del Ser Consciente, tales como la producción de cultura e ideología propias, sin hablar de la producción de sus medios de vida. En última instancia, de la producción de su vida misma.  Esta enajenación se ve reflejada no solo en un individuo alejado de la cultura y las ciencias, y poco interesado por ellas, sino en individuos apolíticos, como efectivamente se puede ser.

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