jueves, 27 de octubre de 2011

Las palabras que cuentan cómo el mundo llegó a ser el mejor lugar del universo.


Detalle de Santo Domingo y los albigenses
de Pedro Berruguete
Artículos
Las palabras que cuentan cómo el mundo llegó a ser el mejor lugar del universo.


Por: Víctor Alfonso Moreno Pineda


Ayer millones de personas de todo el mundo, desde  Beijing hasta Bahía Solano, salieron, vestidos de payaso, en un solo grito: no más libros religiosos y no más mala literatura.

Después de tres meses de mucho trabajo y tiempo invertido en redes sociales como Twitter, Facebook o la de los muñequitos verdes y azules que ya nadie utiliza, he podido consolidar el fin de este valioso proceso. Ayer millones de personas de todo el mundo, desde  Beijing hasta Bahía Solano, salieron, vestidos de payaso, en un solo grito: no más libros religiosos y no más mala literatura. La tarea fue difícil.

Tuvo que morirse el Papa de la rabia, y tragarse su discurso insulso de salvación y vida eterna. Al Dalai Lama me cuentan que lo vieron llorar más que cuando era un niño y le tocó salir por la puerta falsa de su país. Los rabinos, pastores, predicadores y todo el gremio de los que se ganan la vida vendiendo promesas eternas, cuando vieron que no podían con lo que pasaba, salieron también, disfrazados de sacerdotes, tratando de ridiculizar la religión ajena (cosa que siempre habían querido hacer), con antorcha en mano a quemar cuanta versión de la biblia, el corán, los vedas, el mahabarata, la torá, el libro de mormón, el popol vuh (todos sin mayúsculas, porque ya no tienen la importancia de antes) y cuanto libro cree o recree, una entidad divina diferente al hombre mismo.

Después de una discusión fuerte se resolvió dejar a salvo los clásicos griegos, pues fue plausible la teoría presentada en la que se tomaba a los dioses griegos como ideales del hombre: alcohólicos, vengativos, fornicadores, promiscuos, usurpadores, etc. Después se resolvió seguir con aquellos textos de mala calidad estética. Cayeron en este lote todos y cada uno de los libros de superación y autoayuda; esto porque se consideró que el hombre no se debe ayudar a sí mismo sino que debe empezar por ayudar al prójimo.

Cayeron los libros del brasileño y del mexicano que leí cuando era un tonto, intentando superar una crisis de amor que solo fue solucionada con el cuerpo de una prostituta. Se prosiguió con las novelas rosa, tipo Corín Tellado, que ni ella misma escribía, y que para terminar, fueron llevadas a la televisión. Hasta las cintas fueron quemadas, me reportan desde México.

Supe también, que previamente se recogieron todos y cada uno de los libros que cuentan la historia de un niño mago y otros sobre un vampiro joven, y fueron obligadas sus multimillonarias autoras, a deshojarlos uno a uno y a tragarse cada hoja. Los reportes desde aquel lado del mundo me cuentan que cuando iban por el ejemplar novecientos veintisiete mil trescientos veinticinco millones cuatrocientos mil doscientos treinta y tres, de la versión en lengua inglesa (tantos libros han vendido) se atragantaron y murieron. Dan Brown y su basura policiaco-religiosa-histórica que leí como ningún otro libro (este tipo de autores son unos expertos en aferrar al lector) huyó despavorido ante tamaña asonada. Sus libros fueron quemados.

Ardieron en fuegos infernales todas las biografías de Hitler, Mussolini y cuanto hombre se haya creído un dios por encima de los demás.

Yo desde Montería, Córdoba también hice mi tarea, aunque un poco más prosaica: a la hoguera mandé, entre otros textos, En la Hora de las Ranas, Bajo el Rojizo sol de los Venados, Dioses y Muertos, Nemesio el anacoreta (mas título que obra), Cultura y Sinuanología (esa palabra no existe), Chochó de Ají y otros Poemas, todos y cada uno de los textos del Chema, y cuanto viejito pensionado publica y publicó en el departamento. Por recomendaciones de un amigo, se prohibió quemar los libros del escritor con nombre de poeta nicaragüense, padre del modernismo, por considerarlos un fiel y calcado homenaje a los grandes escritores de nuestro tiempo.

Finalmente, para acabar de raíz el mal, se erradicó del Planeta Tierra todo procesador de textos diferente al papel y el lápiz, porque se temía que se distribuyeran por internet versiones electrónicas de textos inoficiosos, protervos, inicuos, retorcidos, inhumanos etc. Y para  asegurarnos que nadie se interese por este tipo de lecturas en la red, se incrementó en un quinientos por ciento el material cinematográfico y musical que me dirijo a ver y escuchar en estos momentos que el mundo es un lugar donde por fin se puede vivir. Punto.      

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