jueves, 27 de octubre de 2011

Una mirada a los espejos


UNA MIRADA A LOS ESPEJOS
Jorge Berdugo

Espejos Siniestros, estrenada en 2008 y dirigida por el joven cineasta Alexandre Aja, no fue muy bien recibida por la crítica. En el entramado complejo y el manejo sicológico de los personajes radica la fuerza de la película.

El cine de terror tuvo un momento en el que sus historias carecían de imaginación, las películas se mostraban muy predecibles y por tanto, el espectador encontraba las tramas fáciles aunque las ideas fueran muy originales. Espejos Siniestros es interesante porque rompe precisamente con este tipo de terror, en ella el espectador queda atrapado en una intrigante historia en la que debe acompañar al personaje principal para desenvolver el relato.

Esta cinta, estrenada en 2008 y dirigida por el joven cineasta Alexandre Aja, no fue muy bien recibida por la crítica que vio su guión como incongruente. Pero en realidad, el guión es pieza fundamental para la grandeza de la película porque se muestra complejo. Este nivel de complejidad se basa en que el film ofrece, de manera suelta, claves para su entendimiento, lo que hace que el espectador deba estar cien por ciento atento para comprenderlo. Además, ayuda a crear suspenso en la medida en que el sentido total del guión lo vamos descubriendo poco a poco.

La película muestra a un guardia de seguridad llamado Ben Carson (Kiefer Sutherland) que consigue trabajo en un edificio abandonado y que comienza a presenciar una serie de acontecimientos extraños. Los espejos del lugar muestran imágenes de muertos, hombres incendiados, etc. Que intimidan a Carson y toda esta intimidación se produce porque detrás de los espejos hay un demonio que exige la presencia de Ana esseker (Mary Beth Peil) a la cual debe buscar nuestro personaje.

Hay que decir que Alexandre Aja en sus primeros filmes tendió por el género Gore. Espejos Siniestros deja de lado este aspecto, introduciéndose más en el suspenso. Una trama lenta, intrigante, que no se apresura a revelarnos los detalles importantes pero que nos mantiene a la expectativa sin aburrirnos; fue un logro importantísimo para un director acostumbrado a la acción en sus escenas, a sorprender llenando la pantalla de sangre. Este cambio no fue del agrado de muchos de sus seguidores, pero creo, por el contrario, que la versatilidad hace más grande al director.

La película termina siendo un thriller sicológico; Ana Esseker y por fin, Ben Carson,  luchan con un demonio que antes estaba en el cuerpo de Ana. Pero los espejos son los que nos lo muestran utilizando la metáfora del reflejo. Carson al final, por no seguir las advertencias de Ana de retirarse del lugar donde empezó la maldición y además quedarse con los ojos abiertos, terminó por cruzar el portal y quedar atrapado del otro lado de los espejos. Ya en este punto la película adquiere mucha profundidad,  ha logrado envolvernos en un ambiente  sicológico tenso y nos ha hecho reflexionar sobre el hombre y sus temores o demonios. En el entramado complejo y el manejo sicológico de los personajes radica la fuerza de la película. 

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