miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tempus Hominis, Vox Dei

El sacrificio de Isaac, Rembrandt


TEMPUS HOMINIS, VOX DEI
Víctor Alfonso Moreno Pineda


A Camilo Corby

Una vez llegado al monte Moriah, Abraham, con una mezcla de fortaleza y resignación, preparó el altar para el holocausto. Arregló las astillas y ató a su hijo. Luego, sin el convencimiento inicial, extendió el cuchillo que brilló al asomo del sol. Cerró los ojos. Apretó el pulso y dejó que el cuchillo descendiera con libertad. La escena siguiente se abría ante sus ojos: del cuchillo parecía manar la sangre que cubría sus manos.  

Gritó a viva voz – Te maldigo Dios, me has quitado lo que antes, por tu voluntad, te ofreciste darme.  Después se negó, junto con su otra descendencia, hijo de Jehová y Padre de Multitudes. Llanto y blasfemia se confundían en su garganta, mientras sus mejillas se cubrían de lágrimas. Procedió a enjugárselas. El semblante le quedó encarnado. Volvió a cerrar los ojos como si esto le diera más valor para injuriar a su dios. Ahora los abría: a su lado Sara e Isaac dormían. Dentro de la tienda, ubicada en mitad de la llanura, solo se escuchaba el viento inundar cada recodo del mundo conocido.

Estaba escrito: la esclavitud en Egipto, las cuatro generaciones vagando por el desierto, la caída de Jerusalén, la llegada de un mesías no admitido, su muerte y su resurrección jamás aceptadas, la diáspora, Auswitz y el Holocausto, la guerra con los árabes. Todos y cada uno de estos sucesos debían ocurrir. Nadie podía hacer nada para evitarlos. Por lo pronto, Abraham volvía a dormir, pues al día siguiente debía partir temprano a tierras de Moriah.   

1 comentario:

  1. Bueno. Tono acorde y sostenido. Pulso firme. Me gustaría que el título también fuera en castellano, o que todo el cuento fuera en ese idioma. Jejejejejejeje

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