lunes, 16 de abril de 2012

La música de los sueños


La música de los sueños.

Son en total doce los temas que conforman la BSO de El Origen, en los que podemos notar que Zimmer entiende la música cinematográfica como un elemento de narración profundo; con la música no se busca únicamente ambientar o intensificar la emotividad de una escena, sino que arrastra consigo la esencia de la película.

Hans Zimmer
Trombones que aumentan paulatinamente cuando aún la pantalla muestra el sello de las productoras, música envolvente que hace ver la realidad alucinada y nos sumerge en un océano onírico, es la prueba fehaciente de que la película ha iniciado, aunque todavía no haya empezado a rodar la primera escena. Esta es la virtud de la banda sonora (BSO) de El Origen (Descargar aquí), es la virtud de Hans Zimmer, el director de la música, que se mueve entre los sonidos electrónicos y orquestales, para crear una BSO minimalista, capaz de ser un elemento narrativo consciente y no un componente limitado al apoyo de ciertas emociones de la escenas o los personajes, no ese componente sonoro relegado como un telón de fondo.
“desde el principio estamos contando la historia” dice Zimmer, entendiendo la intención de Christopher Nolan- el director-se adelanta a su propósito narrando con los sonidos lo que Nolan mostrará con las imágenes. Entendió  también que la película no se entrega con facilidad, y que a medida que avanza, el espectador va obteniendo las pistas para desentrañar el argumento. Respecto a esto explica Zimmer: “Lo que la BSO está intentando hacer es preguntar y abrir puertas para permitirnos entrar como espectadores, en vez de decirnos qué sentir o darnos las respuestas”. En Dream Is Collapsing, el tercer tema de la BSO, podemos saber con precisión de lo que está hablando, un tema hipnotizador que empieza en una tonalidad baja, pero que asciende paulatinamente incrementando el éxtasis del espectador, para silenciarse de súbito y dejarnos al borde del precipicio. El mismo espectador se encargará de lanzarse.
El Origen, es la historia de un grupo liderado por Cobb (DiCaprio) que con la ayuda de un aparato intravenoso se interna en los sueños de las personas para extraer ideas, pero ahora les han pedido lo que sería el último trabajo de cobb, todo lo contario: implantar una. En esta odisea, se internan en un sueño dentro de otro, y así hasta niveles más profundos. A medida que esto sucede, el tiempo se hace más lento y por ende más duradero. Hans Zimmer también se embarca en este viaje temporal, toma la canción Non, je ne regrette rien de Edith Piaf, y cambiando algunas notas, las ralentiza para que el oído del espectador sienta una melodía más grave, un tiempo más lento. Pero no se detiene. La misma canción sirve para sincronizar las salidas de los sueños (lo que en términos del film es “la patada”) y además para expresar a través de su melancolía, la lucha interna del protagonista, el remordimiento por un amor perdido. “no, no me lamento de nada” es lo que dice el título de la canción.
En la película también encontramos acción, batalla entre unos y otros ¿pero con quién se puede luchar dentro de un sueño? Resulta que el subconsciente proyecta imágenes, personas que lo defienden cuando se siente invadido. Las proyecciones de Fischer, el personaje al que hay que implantarle la idea, han sido entrenadas militarmente para defenderse. En esta batalla contra el subconsciente de Fischer, se puede escuchar otro atino de Zimmer: “Mombasa”, un tema al que su constante tamborileo lo hace sonar repetitivo, pero que está cargado de la adrenalina suficiente para acelerarnos las pulsaciones, sobre todo cuando se mezcla con el tiroteo de las escenas.
Son en total doce los temas que conforman la BSO de El Origen, en los que podemos notar que Zimmer entiende la música cinematográfica como un elemento de narración profundo; con la música no se busca únicamente ambientar, intensificar la emotividad de una escena (lo que es propio de las películas comerciales),sino que arrastra consigo la esencia de la película, colaborando en el sentido de las acciones, siendo parte del desarrollo de las acciones como un personaje más, y asimismo organizando las escenas, entretejiéndolas con el hilo de la música para conseguir coherencia en las secuencias.
La imagen y el sonido concuerdan hasta el final. La misión para Cobb y los suyos termina; y todos vuelven a la realidad habiendo superado los obstáculos. La música final (Time es el último tema) es tranquila, algo que necesita la mente del espectador. Se escucha como una revelación, como un escape al laberinto onírico de Nolan. Sin embargo, el espectador necesita “la patada”, necesita escuchar la canción de Piaf para saber que sale del sueño, cosa que nunca sucede. La pantalla se oscurece y nos deja una idea sembrada: empezamos a pensar que nuestra aparente realidad no es más que un sueño.

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