sábado, 26 de abril de 2014

Noé. Una película sin Dios.

Por

Víctor A. Yerena González


Empiezo por aclarar que es muy buena película, una excelente historia. Muchos se quejan de que el filme no es bíblico, que abusa de elementos que no pertenecen a la historia original narrada en la biblia, pero esto es común que ocurra sobre todo porque la narración del diluvio en la biblia es muy breve, plana y no ofrece mucha tela para cortar a la hora de hacer una adaptación cinematográfica.
Los elementos que Aronofsky (El Cisne Negro) le agregó no fueron completamente sacados de su cabeza, están profundamente basados en narraciones pertenecientes a las tradiciones orales judías y textos apócrifos de origen hebreo como el Libro de Enoc.
Pero de eso no es lo que quiero hablar, yo voy a hablar de un elemento que para ser una película bíblica fue un error que algo tan importante le faltara: Dios.
En una adaptación se nos puede permitir hacer lo que se nos dé la gana, pero quitarle un elemento importante como el personaje de Dios, hecha por tierra el enfoque místico (por no usar la palabra mítico) de una historia como la de Noé cuyo fin es mostrar que no sólo Dios existe sino que crea y destruye.
No quiero decir con esto que estoy dando por sentado que Aronofsky quitó por completo a Dios de su película, pero sí lo puso como una simple suposición o intuición de que Dios está ahí, no como un personaje real que habla e interactúa con el personaje; es decir, no es Dios quien informa a Noé de la inminencia del diluvio, sino que es Noé quien, sólo por el hecho de soñar con un diluvio, lo interpreta y decide crear un arca “suponiendo” que es esa la voluntad de Dios.
En ningún momento se muestra o se escucha a Dios diciéndole a Noé que piensa destruir el mundo con un diluvio y que construya un arca con específicas medidas para salvar a los animales incluyéndolo a él y su familia, sino que es Noé quien llega a esa conclusión. Es más, se muestra a un Noé confundido sobre la voluntad de Dios, a un Noé que clama a Dios y Él no le responde, a un Noé que decide qué creer y qué hacer y no a un Noé que acata una orden directa de Dios.
A lo mejor Aronofsky quiso hacer una historia un poquito más aterrizada a la realidad, es decir, en un mundo donde realmente Dios no habla directamente con el hombre,  utilizando el recurso de desarrollar psicológicamente el personaje de Noé. Lo que no es reprochable, pero con esto le quita el sentido a una historia cabalmente teológica.


Sucedió lo mismo con películas como Troya (2004) donde se puede decir con toda certeza que los dioses no existen, en contraste con lo que narra La Ilíada donde los dioses toman partido y deciden el destino de las batallas y los personajes. Sin irnos muy lejos encontramos el filme de Scorssese La Última Tentación de Cristo (película que considero completamente simbólica), donde se muestra a un Jesús confundido y atormentado y que por su voluntad decide ser el mesías; sin embargo, en el caso del personaje de Jesús es aceptable ya que se está en contraposición de un personaje considerado por muchos como santo o Dios mismo, y no es para nada reprochable que se quiera explorar su completa humanidad, en cambio en Noé, la idea de desarrollarlo psicológicamente no pasa de ser simples elucubraciones que a la larga son inútiles y se alejan totalmente del personaje real hechando a perder la historia original. Compárese, por ejemplo, el guion de El Curioso Caso de Benjamin Button y el cuento original homónimo de Scott Fitzgerald. Nada que ver (sin embargo, la película es genial). 
Ya me imaginaba esa voz grave y susurrante de Dios interpretada por Hopkins o Morgan Freeman, pero nada, los sucesos de la película son presuntamente la voluntad de Dios, no se sabe si la locura de Noé, al querer matar al hijo de su nuera (en caso de que naciera niña) era la voluntad de Dios o simplemente es como a mi parecer se muestra: un Noé que estaba convencido de que ningún humano merecía sobrevivir y que incluso ellos debían morir, pues su trabajo sólo era asegurar la supervivencia de los animales, no se aclara si Noé estaba equivocado o en verdad era eso lo que Dios quería.
Para concluir, es una buena historia, una película muy entretenida, con elementos muy interesantes, Russell Crowe impecable, la hermosa Emma Watson exigiéndose un poquito más en la actuación;  pero no puede ser considerada una película para ver en Semana Santa. Lo único que me gusta de Semana Santa son las películas bíblicas, pero esta no es una por esta razón. No sé, quizá son cosas mías, quizá sólo es un afán personal por escuchar la voz de Dios.  

0 comentarios: