martes, 1 de julio de 2014

EL REVELADOR ACTO DE CAGAR

Anatomía Femenina - Leonardo Da Vinci
Por
Jorge Berdugo Hernández


Descreo profundamente de aquellos que dicen que “el hombre es un animal racional”. Todos lo dicen con un aire de suficiencia, con ese énfasis en la palabra “racional” que pretende opacar la palabra “animal”. Y es lógico, el hombre que piensa en la humanidad, piensa en la historia, el arte, los logros, el progreso, la política… nada de eso tiene que ver con lo animalesco, con la realidad más cruda. La corriente filosófica más influyente ha sido, sin duda, el idealismo. El hombre es pensamiento puro, es una proyección de su mente, un sentimiento sicológico… pero hay una acción que nos derrumba todo orgullo y nos degrada diariamente; la acción de cagar. Hasta el super-hombre de Nieztse se animaliza todos los días cuando está cagando.

Cuando caminamos por la ciudad y sentimos ese aire de civilización que nos hace sentir seguros, mezclarnos entre el bullicio y las ropas olorosas; caminamos firmes y con rostro serio como si tuviéramos buenas ideas, ideas distintas que nos diferencian no sólo de un simple animal sino de cualquier otra persona. Una actitud de este tipo a todo momento volvería loco a cualquiera. El acto de cagar nos aterriza saludablemente, nos libera de toda esa ficción que es la “gran humanidad”. Por eso, cuando veo a una joven hermosa, bien vestida, caminando elegantemente y demostrando su orgullo a cada paso, pienso en lo difícil que sería conquistarla; entonces hago un esfuerzo y me la imagino cagando. Inmediatamente la veo tan terrenal y toda su parafernalia me parece patética.


Cagar es una acción que expresa nuestro realismo más puro. El contrapeso perfecto para las invenciones de la mente y el equilibrio del hombre; Idea y realidad, mentira y verdad: La balanza del hombre es la cabeza y el culo. En general, el reino animal está unido por la acción de cagar; por más profundo que sean nuestros pensamientos, todos, irremediablemente, cagamos… Si lo piensa, cagar es un hecho vergonzoso, pero nadie se avergüenza cagando. Y es que, como antes del pecado original, mientras cagamos somos completamente amorales. Cagar nos hace reales e iguales, cagar y limpiarse el culo. 

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