martes, 15 de diciembre de 2015

MELODÍA, ARMONÍA Y RITMO: El mar de la música, el mar de los sentimientos



MELODÍA, ARMONÍA Y RITMO: El mar de la música, el mar de los sentimientos

Por Víctor Alfonso Moreno-Pineda
victorabaeterno@gmail.com


“Cheche colé, yo hablo de lo que sé”
Willie Colón 


Esta vez no vengo a persuadir a nadie, así que no te asustes. Esta vez no vengo a plantear una gran tesis porque lo que hoy vengo a decir lo sabes tú, tal como yo lo sé; pero tú te has negado a reconocerlo y no le has dado la importancia que verdaderamente se merece. Hoy vengo a posarme frente a ti en forma de papel y letras y a darte un par de bofetadas y recordarte que la música es importante porque ella, como ente único y universal, nos trasporta, nos convence, nos subyuga y nos domina a su antojo.

He aquí nosotros melómanos artesanales esclavos del Do, títeres del bombo y del acordeón, lacayos del pin, pon, pan. Ahora  les recuerdo que la música es ecuménica y aquí les demuestro por qué. La música está formada por tres pilares fundamentales que son la melodía, la armonía y el ritmo.

La melodía la escucharon nuestros antepasados en el canto de los pájaros, en el sonar de la brisa y en el silencio mezclado con los anteriores. Hoy se escucha en  los instrumentos de viento, en la guitarra, en el piano. La armonía es la mezcla de varios sonidos —entiéndase por sonidos las notas musicales—, ejecutados simultáneamente. ¿Y el ritmo? Pues el ritmo lo llevas en la sangre. Sino lo crees ponte la mano en el corazón y notaras que él lleva un ritmo, o camina y te percatarás que lo haces rítmicamente.

Estos tres elementos mezclados forman el universo mágico y celestial llamado música. Así que no te encierres en defender tendencias, no digas que el vallenato es más que la champeta o que el blues y el jazz son más que la salsa, porque todos se alimentan de la misma fuente. Además, es tan universal la música que con una gaita —hecha por Élber Álvarez— podríamos interpretar cualquier cantata de Bach. Se te olvida, entonces, que instrumentos traídos de Europa como la trompeta y el bombardino son utilizados para tocar nuestra música de porro.

Hoy osas defender tu tendencia musical y desprecias a las demás. Y tratas al reguetón como un género menor, del pueblo, pero ignoras que la música ha sido, y será hasta los postreros tiempos, el canal comunicador entre la realidad circundante y el hombre que en ella habita. Permíteme decirte que antes que defender y atacar, deberías comprender, pero no lo haces. Sólo oyes más no interpretas y estás coartando el cumplido goce de una obra de arte.

Te privas del verdadero placer de la música, cantas y no sabes lo que cantas, bailas y lo haces mecánicamente: no sientes la música recorrer por tu sangre.

No digas que existe música de pobres y música de ricos. Acá entre nos, te digo un secreto: todos los grandes géneros de este tiempo provienen del pueblo. Si no tienes fe en lo que te digo pregúntale a los negros de New Orleáns donde nació el jazz o a los campesinos del sur de los Estados Unidos donde nació el country. O ve a Cali y pregunta quienes escuchaban y bailaban salsa por allá en los años setenta. Pregúntale a la ranchera, a la cumbia, al porro, al vallenato. Pregúntale al tango que antes de ser un ritmo de salón y ser bailado en Europa, eran la música del vagabundo y de las putas en los barrios bajos de Buenos Aires. Pregúntale al flamenco o al bolero —esa música errabunda y bohemia— o al mismo rock and roll que tomó muchos sonidos del pueblo.

Entonces, he aquí mi segunda idea: la música es como el vino, mientras más le pasan los años  más cultas y más valoradas se vuelven, es decir, sucede lo que bajo mi responsabilidad y buen juicio he dado a llamar “sabio añejamiento musical”  así que no te extrañes que dentro de algún tiempo se hable de clásicos del reguetón (Hoy, siete años después de escrito este texto, puedo decir que ya los hay, ¿O no Abayarde?)



Toda esta perorata tiene su finalidad y, como te has dado cuenta, no es defender un género: es sobrevalorar la música. Que la música toca y despierta nuestros sentimientos, no es ningún secreto, y tú y yo lo sabemos porque ambos lo hemos sentido. Y no me quedo solo en una letra poética. Yo voy mucho más allá, trasciendo a otro significado, a un significado psicológico y espiritual que está atado al lenguaje musical. Ya la filosofía de la música ha hablado sobre eso y ha descubierto que entre cada una de las siete notas musicales existe una relación entre la nota y un sentimiento. Así, el Do es fuerte y firme; el Re es excitante y esperanzador; el Mi es constante y calmado: el Fa es desolado y tremebundo; el Sol es grandioso y brillante; el La es triste y llorón; y el Sí es penetrante y sensitivo.

Entonces no importa el idioma, ni el género; la música siempre influirá de alguna manera sobre nosotros. Te has imaginado que sería de las películas de terror sin ese tan taratan tan tan punzante, cadencioso y lacerante que baña de emoción el hecho de que la actriz principal se dirija a abrir una puerta. Y apuesto a que como yo tienes una canción en un idioma ajeno te conmueve —la mía es Sacrifice (¿Qué estaría pensando hace siete años cuando escribí esta mierda?) de Elton John ¿Cuál es la tuya?— Para dejar un poco más claro  esto de los estados sentimentales y la música cito a Gillo Dorfles:

En efecto la música es quizá la única forma artística cuya capacidad de asociación es inagotable e inextinguible; su capacidad de ligarse a estados a veces patéticos, a veces sensoriales es infinita. Por esta razón, mientras que la pintura, la poesía, la danza, están siempre ligadas a su cualidad principal ya sea figurativa, mímica, discursiva, la música puede unas veces “encarnarse” tanto en forma traslaticia, como discursiva dentro de nuestra actividad formativa,  personal y autónoma.

Ninguna de las otras artes nos “llega” tanto como la música. Sin importar si somos cultos o incultos ¿será por eso que es llamada la madre de las artes? ¿Y será también ese el motivo por el que Platón  habrá afirmado que la filosofía es la máxima de las músicas?

Es mi postrera intención que una vez termines de leer estas líneas corras y enciendas tu radio y escuches una canción, tal como yo lo estoy haciendo ahora, y si es llegare a ser el caso brindes por la música.

A propósito ¿Es la música un pretexto para tomarse un trago o es el trago un pretexto para escuchar música?        

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